PESADILLA
salpicadas de ojos.
Me miraban cerradas, vacías,
con desprecio.
Oscuras escleróticas,
que me enjuiciaban mudas.
Al cruzar el pasaje
del inicio a la vida,
iba en pos del amor
desde el primer latido.
Buscaba ojos amables
en los que reflejarme,
un premio de sonrisas
al final del camino.
Deambulé entre el mal
como un pájaro herido.
Mil egos petulantes
me mostraban la espalda,
con símbolos de odio
como enseña execrable
ondeando en sus manos.
Pero todo trastorno tiene término.
El daño tiene fin,
jamás dura cien años,
Cae por su propio peso
entre los desperdicios de su oprobio
.



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