JANA 

Tiene la risa fácil

y se muerde los labios para ocultar las quejas,

pero también acuden a sus ojos

lágrimas de impotencia

cuando la vida le niega algún regalo.

 

Se inventa identidades

para cambiar de nombre y de destino.

Puede ser madre, hija, adulta o un lactante,

mas sobre todo

la hermana más amante y entregada

que imaginarse pueda.

Y te cuenta sus cuitas, sus avances,

o te incluye en sus juegos venturosos.

 

Su mundo va a ser otro,

sus vivencias distintas,

no sé por dónde marchará su vida.

Yo no estaré.

                         Seré solo el olvido

                         de algo desintegrado en el pasado.

 

                         Pero ahora me invade su inocencia,

                          abriendo paso a paso su horizonte.

 

EL SIGLO XXI



 

EL SIGLO XXI

 

La agenda vomitó el siglo veintiuno

con una mezcolanza de banderas y cruces.

Cruces con torturados mudados en iconos,

asesinos coprófagos, circundados de muerte,

y un pueblo de hediondez insoportable

que se aclamó elegido por un dios inventado.

 

Y encima de la charca de despojos y estiércol

que formó el obsceno colectivo

el fulgor de una lágrima.

Una gota de nácar brillando entre excrementos,

imparable, impoluta,

como el grito vibrante de un vástago que nace.


 


EL DOBLE

 

El mal y el bien se alternan en mi alma

como un abril voluble, juguete de los vientos.

Puedo ser hada buena que transforma

calabaza en carroza,

o una bruja perversa y rencorosa

que muda en alimaña la germinal belleza.

 

Puedo lanzar estrellas a un cielo de tormenta,

rosas de té en medio de las nieves

o versos que saqué de la chistera

de un mago descuidado.

Pero también puedo exhalar azufre,

y marchitar las rosas con su efluvio

y apagar con mis truenos la cadencia

más tierna de una nana.

 

Jekill y Hyde se alternan incansables

en la concisa anécdota de una biografía.

Somos solo respuesta, rechazos, ignorancia,

ángeles o demonios, reacciones fortuitas 

antes de disolvernos para siempre al paso de los días.  


 

 

EL SIGLO XXI



 

EL SIGLO XXI

 

La agenda vomitó el siglo veintiuno

con una mezcolanza de banderas y cruces.

Cruces con torturados mudados en iconos,

asesinos coprófagos, circundados de muerte,

y un pueblo de hediondez insoportable

que se aclamó elegido por un dios inventado.

 

Y encima de la charca de despojos y estiércol

que formó el obsceno colectivo

el fulgor de una lágrima.

Una gota de nácar brillando entre excrementos,

imparable, impoluta,

como el grito vibrante de un vástago que nace.



 

NO ME ACUERDO

No me acuerdo porque los rostros se borran

como pisadas en la arena de la playa

y las mentiras las arrastra el viento

como orgasmos fingidos.

 

No me acuerdo, pero mis labios me queman

y su rostro se dibuja en el embozo.

No me acuerdo, pero mis entrañas se dividen

en un alarido sin epidural.

No me acuerdo,

de nuevo hemos desaparecido tú y yo

al sobrevolar el Triángulo de las Bermudas.

No me acuerdo,

así que deja de mostrarme ese antiguo contrato

porque tampoco recuerdo las palabras.

No me acuerdo de los besos en la fila de los mancos

no viendo a Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”.

 

Se han llenado de olvido mis armarios.

Tengo que hacer limpieza

y poner bolsitas de naftalina

porque la polilla está hambrienta de recuerdos

 

 

 



EL ESPEJO











Me mira en el espejo una desconocida,

amarga de recuerdo y soledades.

Una anciana de vuelta de un pasado

que alguna mano ajena

se lo escribió algún día con tinta transparente.




No sé lo que sus ojos han visto o lamentado,

no sé si sus oídos han escuchado insultos o lisonjas.

No sé si ya murió o sigue esperanzada con la vida.

Yo nazco hoy.

Nazco en cada momento sin ayer ni mañana.

No existo.

Solo soy.

Testigo de una mente.

 

HERIDAS

 


Esa sangre que brota de mi herida

mana de vez en cuando, no coagula,

es como un socavón en lo profundo,

es como el mal ultraje que perdura.

 

Muchas veces me digo que jamás se marcharon,

que me hablan al oído para seguir ocultos.

Muchas veces me invento que me siguen los pasos,

detrás de la cortina que me oculta su mundo.

 

Y desnudo mi alma y me entrelazo

con su recuerdo de raíz prendida,

y les pido que vuelen a mi lado,

que no apaguen su luz esclarecida.

 

Muchas veces encienden el rosicler del día

y otras tienden un manto sobre el sol que alborea.

Y sueño que soñaba con la honda porfía

de que vuelvan a casa cual vuelve la marea.

 

 

 

PESADILLA


 Hoy soñé con mil puertas,

salpicadas de ojos.

Me miraban cerradas, vacías,

con desprecio.

Oscuras escleróticas,

que me enjuiciaban mudas.

 

Al cruzar el pasaje

del inicio a la vida,

iba en pos del amor

desde el primer latido.

Buscaba ojos amables

en los que reflejarme,

un premio de sonrisas

al final del camino.

 

Deambulé entre el mal

como un pájaro herido.

Mil egos petulantes

me mostraban la espalda,

con símbolos de odio

como enseña execrable

ondeando en sus manos.

 

Pero todo trastorno tiene término.

El daño tiene fin,

jamás dura cien años,

Cae por su propio peso

entre los desperdicios de su oprobio
.

 


OLVIDOS




Te vi piruetear de lucero en lucero
devolviendo la luz a estrellas moribundas.
Con las plumas azules de tus alas
esparcías el polvo de cometas fugaces.
Envidiaban las nubes tu gentil arabesco
y tu brillo en la niebla de jornadas de invierno.
Y tú, regocijada, besabas las melenas
de sauces cavilosos,
que ensayaban sonrisas, 
quizá por vez primera.

Y yo quise seguirte para danzar contigo
pero mis pies de barro
se adhirieron al suelo empapado de lágrimas.
Y quise abandonar los panoramas lóbregos
y marchar hacia mundos venturosos
donde las risas lustran las arrugas del alma.
Y quise delirar con los ojos abiertos
y cubrir de ambrosía pueblos arrinconados.
Y deseé expandirme
y transformarme en náyade de ríos de favores.

Entonces tú te aproximaste a mí
me amparaste, 
sosteniendo mi miedo entre tus manos,
y yo ansié el olvido
y yo ansié 
y yo 
y...


 



DESEOS

Quisiera yo gritar y que mi grito
pusiese boca arriba la indecencia.
Quisiera ser la gota que rebosa el océano
para limpiar la tierra de excremento.
Quisiera ser cadáver que desborda las tumbas
y detener así los genocidios.
Quisiera ser la luz que devuelve la vista
a quien tiene por patria la ceguera.
Quisiera ser memoria para olvidos tenaces
e insomnio pertinaz para la indiferencia,
y un sol nuevo para tanta penumbra,
y lluvia de un maná que sacie para siempre
el hambre de justicia.

 

EL OTRO LADO




Abrochándome la nostalgia del alma,
me lancé en madrugada al bulevar de enero,
pasé por unas ruinas que me miraban ciegas
por los oscuros huecos de ventanas abiertas.

En la noche callada me crucé en mi camino
con una comitiva de difuntos antiguos
vestidos con jirones de brillantes centellas.
Bailaban cadenciosos sobre ajadas violetas
regadas al azar con lágrimas de deudos.

No temas ni nos sigas, me dijeron.
Sabrás que ya es la hora
cuando llegue el momento.
Ahora vuelve a tu mundo  
de inevitable olvido y piensa que despiertas.

No, no pude seguirlos
pues se desvanecieron
en el polvo dorado que anuncia la mañana.

 

FEDERICO


 

Quiero creer que no te abandonaron

en un camino yermo,

que un esponjoso musgo

se mezcló con tus dedos inertes,

y un árbol de raíces poderosas

renació de tus restos, Federico.

 

Quiero creer que sus hojas dan sombra

a los enamorados que comparten

secretos y caricias.

Que la noche protege tu marcha milenaria

y que ahora resuenan tus poemas

desgranados en castillos de arena

en medio de la playa.

 

Quiero creer que el cielo te protege

de la infamia,

que tus ojos mudados en dorados fanales

buscan la paz de un mundo

que hoy navega otra vez, recalcitrante,

por el fango brutal de la barbarie.


 

 


NO QUIERO RECORDAR 

No quiero recordar lo que no existe

ni el tequiero entre cajas al oído,

ni un beso inaugurando nuevas vidas

ni disputas o reconciliaciones milenarias.

 

No quiero recordar que el hombre es una fiera

y el dolor le acompaña en el camino

con los miles de víctimas

que obligan al decoro

a cegarse los ojos por vergüenza.

 

No quiero recordar que el siglo veintiuno

empezó atropellando a seres inocentes.

Odio, ambición e infamia marcan el calendario

con el negro azabache de las almas marchitas.

Y la ausencia de tantos

 es el grave extravío de uno mismo.

 

No quiero recordar muertes ajenas

y centrarme en la mía

que camina conmigo y nunca me abandona,

lo mismo que esa niña

atónita de verse en mi mirada.

 

Hoy quiero recordar que un día fuiste

y fui contigo espejo.

 Descanso de ser yo por un momento,

yo, que jamás me adapto,

para poder mirarme a través del recuerdo.

 


ESCRIBO 

Escribo rodeada de fotos de otros tiempos,

mamá, papá, Diana,

 y tú, mi compañero,  

recogiendo algún premio.

Y con los galardones ya olvidados,

revueltos con mil libros,

se destaca tu efigie de ser atormentado,

que plasmó con talento aquél que fue tu amigo,

con pinceladas sabias de grises y morados.

No sé si nos separa la distancia o el tiempo,

pero a mí no me gusta cuando callas

ni que estés como ausente

porque no soy Neruda y la ausencia es perenne.

Y porque hay cerraduras que atascan oxidadas

puertas que no se abren.

Cerradas para siempre.


 

 




MOMENTOS

No puedo recordar

dónde quedó la pena acurrucada,

dónde cayó la lágrima inicial

que originó un océano de luto.

Tampoco soy capaz de descubrir

el lugar que ocuparon tus caricias,

qué punto de mi cuerpo inauguró el deleite

al roce de tus manos.

Perfumes infantiles,

risas disimuladas de la abuela,

sorpresas, aprensiones, abrazos imprevistos,

revoloteos de papeles deshechos,

la canción de Paul Anka proyectando su nombre,

tan temprano.

Algún beso robado,

un torrente de lágrimas, empapando la almohada,

la soledad, el miedo,

pero también la dicha inexplicable.

La vida, en fin, resuelta en santiamenes

que caben en un puño, en un suspiro apenas.

La vida tan esquiva.

Quimérica y ficticia como el sueño.


 



LA AUSENCIA









Hoy me inunda hasta el alma

el sabor de la ausencia

en medio de un hogar deshabitado.

Un sabor algo insípido

de obsesivos silencios,

que el ruido de la lluvia

no consigue romper

ni tampoco los ecos

de voces que no existen.

Y en el centro de todo

su imagen anunciando

esa vuelta imposible de la nada.

 






NO LO ENTIENDO



¡No lo entiendo!, grito

y mi queja horada la entraña del mundo.

De ese mundo deshecho por el mal y la ruina,

donde matan los que siempre mataron,

incluso por menos de treinta monedas.



No lo entiendo, pero intuyo en la niebla

las palabras que nadie pronuncia,

sellados los labios por miedos arcanos.

Y atraviesa el silencio los trinos de un ave

que guarda el secreto que a mí se escapa.



Yo prosigo a través de lo oscuro,

agotada, famélica, a tientas,

intuyendo sublimes razones

y sintiendo el vértigo de no saber nada.


 

 

 








HIELO EN MAYO

No hay ansiedad,

solo escarcha

que inunda los recuerdos.

Carámbanos inmundos

extendiendo su manto

sobre el vacío diario.

Tiempo de pies descalzos,

que pasan de puntillas

con dedos agrietados

por el frío de Mayo.



Por el frío de Mayo

castañetean incesantes

los dientes que mascullan

torpes aclaraciones

y confusas preguntas.

Y mis manos vacías

se abren al mundo y piden

que se acaben los hielos,

que vuelva la esperanza,

como aquella de niña

que me quitaba el miedo

y cerraba mis ojos a un odioso presente.