EL ESPEJO











Me mira en el espejo una desconocida,

amarga de recuerdo y soledades.

Una anciana de vuelta de un pasado

que alguna mano ajena

se lo escribió algún día con tinta transparente.




No sé lo que sus ojos han visto o lamentado,

no sé si sus oídos han escuchado insultos o lisonjas.

No sé si ya murió o sigue esperanzada con la vida.

Yo nazco hoy.

Nazco en cada momento sin ayer ni mañana.

No existo.

Solo soy.

Testigo de una mente.

 

HERIDAS

 


Esa sangre que brota de mi herida

mana de vez en cuando, no coagula,

es como un socavón en lo profundo,

es como el mal ultraje que perdura.

 

Muchas veces me digo que jamás se marcharon,

que me hablan al oído para seguir ocultos.

Muchas veces me invento que me siguen los pasos,

detrás de la cortina que me oculta su mundo.

 

Y desnudo mi alma y me entrelazo

con su recuerdo de raíz prendida,

y les pido que vuelen a mi lado,

que no apaguen su luz esclarecida.

 

Muchas veces encienden el rosicler del día

y otras tienden un manto sobre el sol que alborea.

Y sueño que soñaba con la honda porfía

de que vuelvan a casa cual vuelve la marea.

 

 

 

PESADILLA


 Hoy soñé con mil puertas,

salpicadas de ojos.

Me miraban cerradas, vacías,

con desprecio.

Oscuras escleróticas,

que me enjuiciaban mudas.

 

Al cruzar el pasaje

del inicio a la vida,

iba en pos del amor

desde el primer latido.

Buscaba ojos amables

en los que reflejarme,

un premio de sonrisas

al final del camino.

 

Deambulé entre el mal

como un pájaro herido.

Mil egos petulantes

me mostraban la espalda,

con símbolos de odio

como enseña execrable

ondeando en sus manos.

 

Pero todo trastorno tiene término.

El daño tiene fin,

jamás dura cien años,

Cae por su propio peso

entre los desperdicios de su oprobio
.

 


OLVIDOS




Te vi piruetear de lucero en lucero
devolviendo la luz a estrellas moribundas.
Con las plumas azules de tus alas
esparcías el polvo de cometas fugaces.
Envidiaban las nubes tu gentil arabesco
y tu brillo en la niebla de jornadas de invierno.
Y tú, regocijada, besabas las melenas
de sauces cavilosos,
que ensayaban sonrisas, 
quizá por vez primera.

Y yo quise seguirte para danzar contigo
pero mis pies de barro
se adhirieron al suelo empapado de lágrimas.
Y quise abandonar los panoramas lóbregos
y marchar hacia mundos venturosos
donde las risas lustran las arrugas del alma.
Y quise delirar con los ojos abiertos
y cubrir de ambrosía pueblos arrinconados.
Y deseé expandirme
y transformarme en náyade de ríos de favores.

Entonces tú te aproximaste a mí
me amparaste, 
sosteniendo mi miedo entre tus manos,
y yo ansié el olvido
y yo ansié 
y yo 
y...


 



DESEOS

Quisiera yo gritar y que mi grito
pusiese boca arriba la indecencia.
Quisiera ser la gota que rebosa el océano
para limpiar la tierra de excremento.
Quisiera ser cadáver que desborda las tumbas
y detener así los genocidios.
Quisiera ser la luz que devuelve la vista
a quien tiene por patria la ceguera.
Quisiera ser memoria para olvidos tenaces
e insomnio pertinaz para la indiferencia,
y un sol nuevo para tanta penumbra,
y lluvia de un maná que sacie para siempre
el hambre de justicia.