EL DOBLE

 

El mal y el bien se alternan en mi alma

como un abril voluble, juguete de los vientos.

Puedo ser hada buena que transforma

calabaza en carroza,

o una bruja perversa y rencorosa

que muda en alimaña la germinal belleza.

 

Puedo lanzar estrellas a un cielo de tormenta,

rosas de té en medio de las nieves

o versos que saqué de la chistera

de un mago descuidado.

Pero también puedo exhalar azufre,

y marchitar las rosas con su efluvio

y apagar con mis truenos la cadencia

más tierna de una nana.

 

Jekill y Hyde se alternan incansables

en la concisa anécdota de una biografía.

Somos solo respuesta, rechazos, ignorancia,

ángeles o demonios, reacciones fortuitas 

antes de disolvernos para siempre al paso de los días.  


 

 

EL SIGLO XXI



 

EL SIGLO XXI

 

La agenda vomitó el siglo veintiuno

con una mezcolanza de banderas y cruces.

Cruces con torturados mudados en iconos,

asesinos coprófagos, circundados de muerte,

y un pueblo de hediondez insoportable

que se aclamó elegido por un dios inventado.

 

Y encima de la charca de despojos y estiércol

que formó el obsceno colectivo

el fulgor de una lágrima.

Una gota de nácar brillando entre excrementos,

imparable, impoluta,

como el grito vibrante de un vástago que nace.



 

NO ME ACUERDO

No me acuerdo porque los rostros se borran

como pisadas en la arena de la playa

y las mentiras las arrastra el viento

como orgasmos fingidos.

 

No me acuerdo, pero mis labios me queman

y su rostro se dibuja en el embozo.

No me acuerdo, pero mis entrañas se dividen

en un alarido sin epidural.

No me acuerdo,

de nuevo hemos desaparecido tú y yo

al sobrevolar el Triángulo de las Bermudas.

No me acuerdo,

así que deja de mostrarme ese antiguo contrato

porque tampoco recuerdo las palabras.

No me acuerdo de los besos en la fila de los mancos

no viendo a Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”.

 

Se han llenado de olvido mis armarios.

Tengo que hacer limpieza

y poner bolsitas de naftalina

porque la polilla está hambrienta de recuerdos

 

 

 



EL ESPEJO











Me mira en el espejo una desconocida,

amarga de recuerdo y soledades.

Una anciana de vuelta de un pasado

que alguna mano ajena

se lo escribió algún día con tinta transparente.




No sé lo que sus ojos han visto o lamentado,

no sé si sus oídos han escuchado insultos o lisonjas.

No sé si ya murió o sigue esperanzada con la vida.

Yo nazco hoy.

Nazco en cada momento sin ayer ni mañana.

No existo.

Solo soy.

Testigo de una mente.

 

HERIDAS

 


Esa sangre que brota de mi herida

mana de vez en cuando, no coagula,

es como un socavón en lo profundo,

es como el mal ultraje que perdura.

 

Muchas veces me digo que jamás se marcharon,

que me hablan al oído para seguir ocultos.

Muchas veces me invento que me siguen los pasos,

detrás de la cortina que me oculta su mundo.

 

Y desnudo mi alma y me entrelazo

con su recuerdo de raíz prendida,

y les pido que vuelen a mi lado,

que no apaguen su luz esclarecida.

 

Muchas veces encienden el rosicler del día

y otras tienden un manto sobre el sol que alborea.

Y sueño que soñaba con la honda porfía

de que vuelvan a casa cual vuelve la marea.