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  POESÍA ERAS TÚ   Poesía eras tú, que diría el rapsoda. Deslumbrabas las dunas con tus ojos, alfombrando de flores el desierto al ritmo de tus pasos.   Poesía eras tú, y la belleza te acogió en su seno coronándote un alba permanente y un concierto de crótalos. Era tanto el fulgor de tu persona que volviste temprano al reino de los dioses.   Y mi alma no cesa de buscarte. Sin descanso, famélica, arañando el recuerdo, voy de la encina vieja a los ojos tempranos que ciegan con su luz cargada de esperanza. No conociste el odio y te raptó la luna. Yo pago tu rescate acumulando lágrimas.
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 LAS SIN PENDIENTES         Los arquetipos femeninos de mi infancia son mis abuelas. La materna, enfrascada siempre en la lectura de novelas de amor, quizá para neutralizar el recuerdo de un matrimonio por demás lamentable. La abuela paterna, analfabeta, luchadora e ignorante de la fuerza titánica que guardaba en su interior, mujer condenada a abrirse camino en la vida en solitario.     A las mujeres nos marcan nada más nacer. Hacen agujeros en los lóbulos de nuestras orejas,  por otra parte  una costumbre bastante bárbara. A los dieciséis años prescindí de los pendientes y cuando nació mi hija me negué a taladrarle la tierna piel, a pesar de las recomendaciones de familiares femeninas. Ahora, hombres y mujeres se agujerean el cuerpo alegremente y nadie les obliga, es solo una opción estética.      Nunca pensé que mi decisión de prescindir de los pendientes tuviese un trasfondo feminista, pero el otro día tuve ocasión de ver un documental sobre las "Sin Sombrero" y comprendí
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  LA PAZ Y LA PALABRA   La guerra es el negocio de los seres minúsculos, de las mentes tullidas por metales abyectos. La guerra es la derrota de intereses mezquinos, de oscuros personajes que jamás conocieron la esperanza.   ¿Dónde quedó la paz desarbolada? ¿Por qué no desenreda la palabra el ovillo de Ariadna? ¿Dónde aguarda escondido el nuevo hombre? ¿Qué vientre luminoso lo ha parido?   Mas mi dios interior sigue mudo, distante. No sabe contestar o se niega a calmar mi intriga impertinente. Y yo imito al rapsoda,   que clama en un desierto   de arenas infectadas por las voces del odio, y exijo sin descanso la paz y la palabra.        
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LA BÚSQUEDA Famélica, mi alma,  te busca sin descanso desde la encina vieja  a los ojos tempranos que ciegan con su luz  cargada de esperanza.
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DIÁLOGO PARA TIEMPOS OSCUROS -Estoy totalmente en contra de la "paguita". Es una adormidera que ayudará a que la gente se acomode y no trabaje. Cosas del gobierno socialcomunista. -Me parece difícil "acomodarse" con menos de 500 euros al mes. -Es gente sin estímulos, que se arreglan con poco. Propongo que los que reciban la "paguita" hagan trabajos para la comunidad o recojan fruta y esas cosas. -Me parece más justo que esos trabajos se hagan con sueldos dignos. -Vale, pues entonces fuera "paguitas". Ya está bien de comunistas y bolivarianos. -El problema es que sin esas "paguitas", como tú las llamas, crecerá la delincuencia, podrán entrar en tu casa a rebanarte el pescuezo y llevarse lo que puedan. La gente no va a quedarse sin comer. Se convertirá en un país sin ley. Como Méjico, por ejemplo. -Eso no tiene porqué ocurrir. Se aumentan los funcionarios policiales y si hace falta se mete al ejército. -¿Propones un estado policial
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EL ENGAÑO          Ayer por la mañana tuve una de esas sensaciones, no demasiado raras en mí, en que la visión de la unidad se manifiesta claramente. Me vi niña y adulta a la vez, burlando la secuencia del tiempo.  Luego, por la noche, vi unos capítulos de la serie DARK. Nadie me había hablado de ella ni sabía de qué trataba. Y hablaba de lo mismo: de un tiempo simultáneo donde pasado, presente y futuro fluyen a la vez. Y comprendí que es nuestra mente la que elabora la trampa: Recordamos el pasado y olvidamos el futuro.                     Si supiésemos lo que va a ocurrir, la vida perdería todo su sentido.
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Y YO SEGUÍ APLAUDIENDO Aplaudí vehemente sin saber que la muerte se ocultaba tras telas de colores, mientras que junto a mí brujuleaban mil súcubos e íncubos ocultos por caretas de sonrisas. Aplaudí vehemente queriendo con el ruido despertar las conciencias, sin comprender que solo era posible variar el mañana si millones de manos acompañan tus palmas. Y casi sin notarlo paseé entre las tumbas y conté los difuntos, que marchaban deprisa para coger su sitio en las rebajas de grandes almacenes. Cubiertos de ceniza, se atropellaron torpes en la entrada   perdiendo los cerebros y alguno de sus miembros. Y yo seguí aplaudiendo vehemente. Y casi sin notarlo dejé de recordar el futuro y la existencia se me antojó digna de ser vivida.