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Mostrando entradas de mayo 19, 2013
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YO SÉ
Yo sé que estás ahí, aunque te escondas, aunque apenas te exhibas con el alba.
Lo sé porque he sentido tu caricia como una lluvia fresca de verano, que sorprende al transeúnte sin paraguas.
Y a veces en los ojos que se apagan, como ese sol que se duerme en la tarde, me ha llegado tu soplo, tu murmullo, aquietándome el alma.
Querría desterrar opacidades de mis pesadas células, pasar por ese arco de metales de humanas aduanas sin ruido, sin alarmas, sin señales, y olvidar mi equipaje de vilezas para rozar las nubes.
Ir en un ala delta sin billete y atrapar con mis manos las estrellas.

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LA TIENDA DE LOS DESEOS
            Con esto de la mal llamada crisis, (prefiero usurpación o fraude), pequeños negocios a pie de calle aparecen y desaparecen como esas pequeñas flores de primavera que nacen al borde de los caminos o se abren paso en el asfalto por la fuerza obstinada de la vida. Un pequeño puesto de artesanía es sustituido por una tienda de ropa usada, (used clothing queda más fino), o simplemente un establecimiento de comidas para llevar, casi sin transición, pasa a ser un locutorio.             El negocio más insólito me lo encontré ayer mientras paseaba a mi perro: "La tienda de los deseos", rezaba el cartel que habían colgado en la entrada. El público formaba una larga cola que daba la vuelta a la calle y un hombre con turbante y caftán, sentado ante una mesita en la entrada, repartía las entradas. "A veinte euros", proclamaba de vez en cuando como un charlatán de feria.             No me gustan las ferias ni las masas deseosas de ver a mujeres…
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LLAMA ARDIENTE

                        El cedro y yo fuimos llama una vez.                         Llama ardiente que hizo hervir mi savia,                         que coaguló su sangre enamorada.                         ¿Cómo mezo mis ramas?                         ¿Cómo oscilan sus brazos? La Luz nos multiplica,                         nos confunde,                         desdibuja los límites                         y funde en el invierno sus heridas de nieve.                         El estallido de miles de cristales                         anuncia su llegada y se levantan                         las compuertas suaves                                                                        del silencio.
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Habría que vivir como espectador de la propia vida. Para añadirle el sueño que le diera conclusión. Pero uno vive y los otros sueñan tu vida. 


Voy a hablar de aquéllos a los que quise. Y solo de eso. 

"El primer hombre". Albert Camus