16 de abril de 2013




PERMANENCIA

En un rincón del alma
o del espacio-tiempo, quién lo sabe,
quedan aquellos besos escondidos.
El sabor de sus labios en los tuyos,
prometiendo delicias
que nunca se cumplieron.
Allí siguen sus ojos,
empañados de lágrimas
en vuestra despedida.
Imaginarias lágrimas, quizá, 
que fueron arrastradas
por la corriente rápida del río de la vida.
Y el aleteo dulce de su voz,
camuflado en el lecho de tus células,
sigue aún cautivándote,
mintiendo,
grabados para siempre
sus ecos en las ondas.