QUÉ RENTABLE ES EL MIEDO

Qué rentable es el miedo.

Oleadas de pánico recorren las esquinas,
taponan las fronteras y las encrucijadas.
Cunde el desasosiego en las notas de prensa.
Qué rentable es el miedo,
piensan en los despachos
formidables prohombres con las sienes de plata.
Al imparable ritmo de los teletipos
se vomitan desastres, amenazas,
presagios de estrecheces y carencias
e injusticias servidas sin decoro en cada desayuno.
Los obispos claman desde sus púlpitos,
exorcizan, pregonan anatemas.
Luego pasan la cesta que guarda las limosnas
y libra de las llamas del infierno.
¡Es pecado pensar!, dicen de nuevo
en una borrachera de rigidez servida
como postre de opíparos banquetes.
Y pasean sus vírgenes de cartón coloreado
y golpean tambores pregonando: Muera la inteligencia.
Y nos auguran cárceles eternas,
poniendo a un Lucifer bien trajeado
como portero de un infierno repleto de facturas.

No dejéis que os asusten,
no los alimentéis con vuestro miedo.
Alzad el rostro al viento y proclamad a gritos:
¡No hay miedo que me venza
ni monstruos inventados que me arrollen!
¡El pensamiento es libre y nuestras mentes
son claras e indomables!





ES EL MOMENTO



No fuerces el comprender.
Se comprende en un suspiro
o no se entiende jamás.
No crecen alas al gato
por mucho que mire el cielo,
ni un tigre come verduras
cuando hay caza de venados.
No te plantees cantar
si eres un asno y rebuznas,
y no quieras olvidar
cuando hasta el tacto recuerda.
Avanza con paso firme,
aparta cualquier obstáculo,
no soportes más patadas,
engaños ni extravagancias.
¡Yérguete!
¡Alza tu mirada al frente!
Ya es hora, no queda tiempo.
Demuestra tu dignidad
aunque los demás se escondan.

EMPEZABA FEBRERO


Empezaba febrero,
traducía La guerra de las Galias
 y el sol me recorría los deberes.
¡Julio César, qué pelma, ganando mil batallas!

Empezaba febrero,
y el invierno expiraba en mis ventanas,
barrido por mil pájaros en vuelo
con el cielo latiendo en su mirada.

Empezaba febrero,
la vida en el cristal se reflejaba,
amplius horis quizás es ablativo.
¿A quién le importa el César y su espada?

Empezaba febrero
y al mundo los colores regresaban.



SILENCIOS


Me cerraban los ojos con puñales de miedo
y obstruían mi mente con sentencias.
La verdad era única
y no había preguntas,
si acaso impertinencias que nadie contestaba
y un montón de silencios.
En los patios silencio,
silencios en las filas,
silencio en la capilla
y en la siestas del hombre de la casa
un silencio de muerte recorría el pasillo.
Y si había algún grito,
o incluso una blasfemia se escapaba
 de unos labios coléricos,
venía de algún mundo ignoto y apartado,
y confeso y convicto anticipadamente.
Hoy he vuelto a mirarme en aquellos espejos,
descorriendo unas telas grises y polvorientas,
y solo he visto muertos asombrados
de sus propios silencios.

SI SUPIERAS



Si supieras, querida, si supieras
las cosas que han pasado desde entonces.
El vértigo del tiempo alternó despedidas,
emblanqueció las sienes
y llenó de rasguños los rincones del alma.
Hubo besos sin labios
y estrechamos el aire
imaginando cuerpos impalpables.
Y reímos sin ruido,
y lloramos sin lágrimas.
Recorrimos caminos sin movernos del sitio,
y entonces regresamos.
Pero tú ya no estabas.
Y cuando al fin, cansados,
dejamos de esperar lo inalcanzable,
la inocencia volvió para quedarse.
Y tornaron tus ojos a mirarnos
con un brillo de estreno en otra vida,
una vida pequeña, apenas esbozada,
que se vertía como una torrentera,
y enjugaba en nuestra alma la añoranza.