QUISIERA





Yo quisiera ser nieve de tus sienes
y una flor escondida en tus grutas rocosas.
Quisiera ser el agua para tu afán sediento
y atisbar el futuro dentro de tus pupilas.
Quisiera ser el tacto de tus manos desnudas
y la primera luz que al alba te despierta.
Quisiera ser la sangre que anima tus latidos
y la imagen que danza en tus sueños felices.

Quisiera ser Shambala para tus utopías
y el arcángel Miguel que mate tus dragones,
y un unicornio en tu alma,
y un caos para el orden que te imponen
y tu anhelado Edén en medio de la nada.

Quisiera enamorarme de tu mente
sin género, sin cuerpo, sin imagen
y ser dos pulsaciones en el cosmos,
ayudando a expandir el universo.

Quisiera... no sé yo lo que quisiera,
quizá una aurora eterna
sin jornadas sombrías
y sin negarnos nunca
por la resignación ante el destino,
o por treinta monedas
de intereses espurios.










DE ÁNGELES

He visto allá a lo lejos 
al Ángel de la Muerte.
Se alejaba despacio sin mirarme.
¿Por qué a mí me respeta?
¿Acaso no le gusto?
Le noto desatento, lejano, poco afable.

En alguna ocasión se vino hasta mi casa
y taló mi jardín con su guadaña.
Furtivo, solapado, traicionero,
transformó en un desierto baldío e infecundo
la ubérrima arboleda.

Y sin embargo me llevó de su mano
en mil vidas y universos distintos.
Por eso lo conozco,
aunque en esta existencia,
y en algún recorrido tenebroso,
le reclamé y me volvió la espalda.

Disfruto pues su olvido,
acariciada por la nueva mañana.
Lleno de risas los momentos lóbregos
y alfombro de esperanza los paseos,
porque éste en el que estoy
puede ser un gran día como dice el juglar
y ángeles más sociables
me esperan a la vuelta de la esquina.







EL BAILE

Siempre es comprometido
entrar sin que te inviten a una fiesta.
No te lamentes luego
si atraes malas miradas
o si en cualquier momento
te ponen de patitas en la calle.

Pero es que el aislamiento
resulta interminable y aburrido
y escoges tu disfraz sin apenas pensarlo,
uniéndote al festejo
sin medir consecuencias
ni ensayar previamente
los pasos de los bailes.

Y al fin, los anfitriones
a su pesar te aceptan resignados.
Qué imprudente, se susurran muy quedo.
¿Quién la llamó?, preguntan azarados.

Mas existen danzantes
que se acoplan fácilmente a tus pasos,
que ignoran tus tropiezos
y que pasan por alto
discordancias de ritmos y compases.

E ignoran que tú inicias una cumbia
cuando ellos bailan valses,
y soplan generosos en tu oído
los siguientes acordes.

Así pasa la vida, baile a baile.
Ojalá no me pille inadvertida
con el paso cambiado.








DE "LA CONJURA DE LOS SABIOS"


          Una manifestación, formada por unas cincuenta personas, atravesó la calle interrumpiendo la marcha del vehículo. Eran hombres y mujeres que caminaban bajo la lluvia, totalmente en silencio. Los lemas de las pancartas hechas con lienzos de tela se habían transformado en borrones ilegibles por efecto del agua, pero ellos seguían portándolas en alto, confiados en que los transeúntes entendieran sus peticiones. Inútil propósito, pues apenas había gente por la calle, nadie que presenciara el fantasmal desfile. El taxista lanzó una carcajada sarcástica.
            -¡Como éstos! - dijo - ¿Qué pretenden? ¿Ocupar el sitio y quedarse con el trabajo de los que hemos nacido aquí?
            -¿Quiénes son? - preguntó Ramón, conmovido por la contemplación de aquellos rostros inexpresivos.
            -¿Es que no lo ve? Moros que vienen a oleadas cada día, montados en pateras, jugándose la vida en el Estrecho. Deben de pensar que aquí atamos los perros con longaniza. ¡Aquí hay que trabajar, señor mío! Y todos estos son unos mangantes.
            Ramón no contestó. Él conocía bien aquellas miradas, las había visto brillar en rostros de piel más oscura. Eran los mismos ojos, la misma tristeza de los desterrados, la misma súplica, el mismo desamparo.
            -Han habilitado unos barracones para ellos, pero están a punto de echarlos - seguía la arenga del indignado conductor - La Generalitat no puede cargar con todos los menesterosos del mundo. ¡Que exijan derechos en su país y así no tendrán que pedir aquí papeles y trabajo!
            Golpeó furioso el claxon y los últimos integrantes de la marcha saltaron asustados, lo que provocó el regocijo del taxista que bajó la ventanilla y les gritó entre risas:
            -Os gusta el agua, ¿eh? Salís de la patera y os ponéis a pasear bajo la lluvia.
            Decididamente, pensó Ramón, había algo que equiparaba las sociedades más dispares: La crueldad. Los verdugos eran idénticos en todas partes.




LA TIERRA SE DESHACE EN ALARIDOS

La Tierra se deshace
mutilada y sensible en alaridos
y barre con su furia al inocente,
al hambriento, al mendigo,
al que se aloja dócil al raso de los cielos,
al que nunca trafica con raciones de vidas,
ni detalla jamás daños colaterales
en pantallas de plasma.

Y es que es difícil abatir rascacielos,
empapar interiores de bellas limusinas
y destruir murallas que protegen imperios.
Resulta más sencillo derribar los chamizos
de adobe o de hojalata
y eliminar estorbos turbadores
de ojos extraviados y despensas exiguas.

Inundarán de fotos y de historias dramáticas
los teletipos del mundo acomodado.
Mandarán donativos,
fletarán aviones con agua y con comida
y se sosegarán las conciencias inquietas.

Mas la marcha salvaje
de este mundo sin alma
seguirá en el comercio fratricida
de coltanes y talas colosales,
de contiendas y soldadesca párvula,
de gas contaminante,
de basura espacial
y de emisiones tóxicas
con el logo del dólar.

Y mientras nuestra tierra
seguirá deshaciéndose
mutilada y sensible en alaridos.