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8 de agosto de 2013






LA NOTICIA

El timbre del teléfono
rompió el silencio de una noche cualquiera.
Y su repiqueteo insistente y mecánico
tuvo el eco funesto de tragedias narradas
por augures de tiempos olvidados.

Y aquella alarma arrasó la existencia,
deshilvanó el calor en palpitantes lágrimas
y soterró en cámaras de hielo
mil abrazos de niña consentida
y guiños y festejos y algazaras.

El destino de un brinco
puso cabeza abajo la prudencia
con un impersonal comunicado
y un alarido resonó con furia
en las profundidades de algún mundo fantástico.

Se rompieron los mares,
zozobraron las islas
y se rasgó la bóveda celeste,
dejando al descubierto el fin del universo.

Acabó para siempre el orden lógico
que muestra el calendario,
surgiendo desde entonces
un antes y un después descoyuntados.
Se detuvieron todos los relojes
y la luna exhibió su cara oculta,
mohína y asombrada.

Y todo en un momento.
                                     Todo 
con la monotonía de un timbrazo.



EL ESPEJO Me llevé el espejo de la abuela porque allí descubrí mis pechos expectantes ante el anuncio de la primavera. Dent...