6 de marzo de 2013





LA HUIDA

          

Le gustaba mirar el beso de la luna,
El brillo de las velas,
Los destellos del agua.
Hablar con los ancianos, con los yonkys perdidos,
Con los mil expulsados del mundo y de la vida.
Con el árbol
Elaboraba idilios como una madre amante,
Se abrazaba a su tronco, bebía de su savia.
Sabía susurrarte palabras de consuelo
Con ojos taladrantes hasta el alma.
Y el rocío
Le mojaba el cabello como una ducha tibia
Que luego el sol acariciaba al alba.

Las estrellas pendían de su techo,
Eternas luminarias,
Dando luz a sus sueños,
Libertad a su vuelo.
Y el cazador onírico
Desde su cabecera
Iba abriendo el camino de su huida.