EL SIGLO XXI



 

EL SIGLO XXI

 

La agenda vomitó el siglo veintiuno

con una mezcolanza de banderas y cruces.

Cruces con torturados mudados en iconos,

asesinos coprófagos, circundados de muerte,

y un pueblo de hediondez insoportable

que se aclamó elegido por un dios inventado.

 

Y encima de la charca de despojos y estiércol

que formó el obsceno colectivo

el fulgor de una lágrima.

Una gota de nácar brillando entre excrementos,

imparable, impoluta,

como el grito vibrante de un vástago que nace.



 

NO ME ACUERDO

No me acuerdo porque los rostros se borran

como pisadas en la arena de la playa

y las mentiras las arrastra el viento

como orgasmos fingidos.

 

No me acuerdo, pero mis labios me queman

y su rostro se dibuja en el embozo.

No me acuerdo, pero mis entrañas se dividen

en un alarido sin epidural.

No me acuerdo,

de nuevo hemos desaparecido tú y yo

al sobrevolar el Triángulo de las Bermudas.

No me acuerdo,

así que deja de mostrarme ese antiguo contrato

porque tampoco recuerdo las palabras.

No me acuerdo de los besos en la fila de los mancos

no viendo a Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”.

 

Se han llenado de olvido mis armarios.

Tengo que hacer limpieza

y poner bolsitas de naftalina

porque la polilla está hambrienta de recuerdos