EL SIGLO XXI
La agenda vomitó el siglo veintiuno
con un resto de espinas y de cruces.
Cruces con torturados mudados en iconos
y pueblos elegidos por sí mismos
de hedor insoportable.
Y encima de la charca de despojos y estiércol
el fulgor de una lágrima.
Una gota de nácar brillando en la basura,
imparable, impoluta,
como el grito incipiente del vástago que
nace.
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