Entradas

Mostrando entradas de agosto 18, 2013
Imagen
GARCÍA LORCA 
(Poeta en Nueva York)


Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados. 
Imagen
EL SECRETO
Hay secretos antiguos que el silencio termina corrompiendo, adquieren el hedor a carne muerta en la despensa oscura de la mente.
Si el secreto es ajeno abrasa su existencia entre los labios, arde en cada recodo de los días
y se arranca uno a uno los ropajes
que cubren su misterio.
Y si el secreto es propio va creciendo a lo largo de los años y ocupa cada fibra de tu alma. Te acalla y te anquilosa, te aísla y te desarma, se yergue cual gigante ante tu casa, y adusto centinela no deja entrar a nadie.
Hay secretos culpables y secretos vacíos y cargantes, secretos heredados y decrépitos, y los hay fascinantes que iluminan desiertas madrugadas.
Mas decidme, ¿quién puede asegurar que no esconde un secreto, igual que el jugador aventajado guarda un as en su manga?





Imagen
Fragmento de "El Can Descabezado", incluido en CUENTOS DEL OTRO LADO
“La vejez ha llegado. Sé que el tiempo se acaba y aún la espero.” “Ayer me pareció verla junto al pozo. En la noche. Pero la vista me engaña tantas veces… Ernesto Montes deambula por el jardín algunas madrugadas. Me hace señas amenazantes. A veces se pasa un dedo por el cuello, indicándome que acabará conmigo como hizo con Cerbero. Pero ya no puede nada contra mí porque hace tiempo que superé el miedo. Su pobre espectro sólo me inspira compasión. Aún no logro comprender por qué le di la muerte. ¿Qué pasó por mi cabeza que me convirtió en una bestia, en un ser similar a aquéllos a los que siempre había odiado? A veces he pensado en salir al jardín y explicárselo a Montes. Pedirle que me perdone, decirle que descanse, que es el rencor lo que le impide dejar este mundo. Pero me temo que su imagen se desharía como el humo entre mis manos si pretendiera abrazarlo. Como la de mi hijo. También a él le veo corretear …