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5 de enero de 2014


MIRADAS



Como en una matrioska disgregada
mi rostro se propaga en versiones idénticas
al romperse el espejo en que me miro.

Contingencias posibles, paralelas,
que no van a encontrarse en este mundo
y descubren caminos infinitos
al ser que me conforma.

Me han convertido miles de pupilas
en un caleidoscopio incomprensible.
Desde ojos que me ven como alarmante bruja
a otros en polo opuesto como hada bienhechora.

Yo no me reconozco.
No me veo.
No sé quién soy si no me mira nadie
ni en ningún vidrio me veo reflejada.

Es posible que toda mi existencia
descanse en la mirada de los otros.