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25 de septiembre de 2014

CONSIGNAS



Me dijeron que no creyera en sueños,
que sólo confiara en mis cinco sentidos.
Lo invisible no existe,
la intuición no conduce a ningún sitio,
el amor es una reacción química,
nacemos y morimos, no busques otra cosa.

Y simultáneamente,
contradiciendo la lógica innegable,
me hablaron de deidades vengativas,
de infiernos perdurables,
de culpas y pecados.
Oh, sí, me hablaron mucho del pecado,
y un poco de propinas celestiales.

Y ateos y creyentes se parecían mucho.
En la ciencia o la fe reposaban verdades axiómaticas.
Emplea la razón, decían unos.
No cuestiones los dogmas, amenazaban otros.
Pero todos se buscaban un sitio
en sociedades ciegas y sin alma.

Llegados a este punto, escapo de los credos,
de doctrinas científicas
y hallazgos teológicos que cambian
según las latitudes,
el momento,  
y algún prócer de turno, incontestable.

Dejemos que los sueños nos invadan,
sigamos intuiciones y barruntos,
amemos sin medida, enloquecidamente,
y dudemos de lo que está a la vista,
de proclamas de clérigos y sabios
pues sospecho que es esto lo que engaña.