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7 de julio de 2014

MADRE




Hoy quiero comentarte, madre,
algo que nunca me atreví a decirte:
que sé que mi presencia condicionó tu vida,
que fui ignorante, madre,
desde el olvido al que siempre somete el nacimiento.

Tú y yo pactamos, madre, no sé dónde ni cuándo
un contrato sagrado.
Incluía mil trances y problemas,
que el tiempo sepultó con esferas opacas,
dejándonos a ambas perdidas y sin rumbo.
El tic tac de las horas acalló nuestro fiat
y lo dejó enterrado en la secreta cripta de la vida,
que transcurrió ofuscada, ambigua, temblorosa, carente de sentido.

Ahora, día tras día, madre,
regreso y me aproximo de nuevo a tus entrañas.
Es el proceso lógico para volver a ser
un corpúsculo ignoto,
perdido en el marasmo del magma trascendente
que rige la imparable existencia.