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Mostrando entradas de marzo 31, 2013
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CUESTA UNA PASTA
Cuesta una pasta, escucho.
Cuesta una pasta. Todo cuesta una pasta en este mundo, Cuesta una pasta el arte, La amistad, Cualquier don que antes era regalado. Los papeles, pasaportes y timbres Que hacen legal a un hombre. El amor, La inocencia, Dignidad, O una segura senectud en calma. La atención en la muerte y el respeto Cuestan siempre una pasta. Huyó la gratuidad a un universo Repleto de fantasmas.
No sé yo si también la fantasía, El vagar de una mente ensimismada, El idear mil sueños imposibles Terminarán costando en el futuro Una pasta como tasa obligada De lo inútil.
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AL PRINCIPIO YO FUI
Al principio yo fui un almohadón de miraguano. ¿Cómo se va a llamar? preguntaban algunos, poniéndole la mano en la barriga. Y ella, en tenue susurro, pronunciaba mi nombre, un poco avergonzada, porque nunca se ha visto que algún cojín tuviera identidad. Y mientras en las sombras yo esperaba impaciente
sin saber ni siquiera que había llegado al mundo. La Vida es caprichosa y no atiende a razones. Tal vez en el futuro yo estaba destinada a servir de reposo para mentes borradas, sumergidas en el tenaz olvido de uno mismo.




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LA MENTE
             La mente es aquello de lo que el ego es inconsciente. Nosotros somos inconscientes de nuestras mentes. Nuestras mentes no son inconscientes. Nuestras mentes son conscientes de nosotros. Pregúntese a sí mismo quién es el que - o qué es lo que - sueña nuestros sueños. ¿Nuestras mentes inconscientes? El Soñador que sueña nuestros sueños conoce mucho más de ellos que nosotros mismos. Sólo desde una posición singular de alienación puede experimentarse como "Eso" el origen de la vida, la Fuente de la Vida. La mente de la que somos inconscientes es consciente de nosotros. Somos nosotros los que estamos fuera de nuestras mentes. No tenemos por qué ser inconscientes de nuestro mundo interno, (pero) la mayor parte del tiempo no nos damos cuenta de su existencia.
R.D. Laing
LA MUJER DEL TIEMPO


      Ayer conocí a la mujer del tiempo. Sé que era ella porque, antes de verla, recibí una llamada de teléfono y una de esas grabaciones que te piden que pulses números me dijo que me estaba esperando en la plaza del pueblo. La curiosidad me pierde e inmediatamente me dirigí al lugar convenido. La verdad es que no la había visto nunca, no salía en ninguna de las cadenas de televisión y ni siquiera tenía el aspecto de las chicas que desempeñan esa tarea. Parecía contar más de sesenta años y debía de haber estado guisando. Lo digo porque llevaba un delantal lleno de manchas de harina, cubriendo un sencillo jersey y unos pantalones de chándal. Me llamó por mi nombre, como si me conociera de toda la vida,  y nos refugiamos las dos bajo mi paraguas porque llovía a cántaros.
      - Perdona que venga así. Es que estoy haciendo rosquillas - dijo, ratificando mi primera impresión.
     - No deja de llover - observé -. ¿Van a seguir afectándonos las borrascas atlánticas?
     …
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        Un conjuro contra el miedo que nos infunden los que pretenden paralizarnos:




EL MIEDO
                                                                                           Dulce María Loynaz

No fue nunca. Lo pensaste quizás porque la luna roja bañó el cielo de sangre o por la mariposa clavada en el muestrario de cristal. Pero no fue: Los astros se engañaron...
Y se engañó el oído pegado noche y día al muro del silencio, y el ojo que horadaba la distancia... ¡El miedo se engañó!... Fue el miedo. El miedo y la vigilia del amor sin lámpara... No sucedió jamás: Jamás. Lo pareció por lo sesgado, por lo fino y lo húmedo y lo oscuro... Lo pareció tal vez de tal manera que un instante la boca se nos llenó de tierra como a los muertos... ¡Pero no fue!... ¡Ese día no existió en ningún almanaque del mundo!...
De veras no existió... La Vida es buena.