EL HORIZONTE


Contemplo en derredor el horizonte
con su confusa línea de linfas en azules.
Abajo el mar añil,
arriba un cielo ignoto de agónico cobalto.

Me engañan y reclaman a su vértice
lindas ondinas con cola de pescado.
Sal del mundo ilusorio, canturrean,
abandona esa cárcel.

Y yo obedezco
e intento caminar sobre olas palpitantes.
Mas no soy el Mesías
y esta agua está muy lejos del mar de Galilea.
Y me sumerjo
y asfixio
y abandono
para no amodorrarme,
encima de algún buque naufragado,
ni para platicar con algún leviatán
que me interrumpa el paso.
Nunca me interesaron
los monstruos legendarios.

Así que me resigno a seguir encerrada
en la geografía de oscuros pasadizos,
en playas y arenales
y en cementerios huecos sin huéspedes ni cruces,
sin ángeles ni sangre.

Inmersa día a día en el blindaje
de una jaula virtual e inexpugnable.



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